El Carnero Dorado...


Empezó este viaje de manera un poco caótica... Me encontré andando por las calles de una ciudad que no conocía, y llevaba cogido con una mano a un gran carnero de dorado y blanco pelaje y cuernos también dorados al que dirigía entre la multitud. Estaba amaneciendo, había demasiado movimiento por las calles... 

Los rayos del sol asomaban por encima de los edificios y hacía frío. Yo buscaba un edificio en particular. Entonces llego el Arcángel Miguel y me dijo que ya lo había encontrado que lo siguiera y eso hice. Corrí sin soltar el carnero detrás de él y llegamos a los pies de un edificio inmenso, tenía una gran escalinata y el Arcángel Miguel me dijo que subiera rápido y que metiera al carnero dentro del edificio, que no había mucho tiempo. 

Entonces mientras subía sentí como si una sombra se acercara al edificio por mi espalda y mire hacia atrás. Efectivamente, un ejército de seres oscuros entre los que se encontraban titanes entre otros se aproximaba rápidamente. El Arcángel Miguel me lanzo una mirada de preocupación y me grito que siguiera mi camino y en ese momento vi como otros Arcángeles, Gabriel, Uriel, Metatrón, se ponían al lado del Arcángel Miguel formando una línea de contención entre el ejército de sombras, el edificio y yo y el carnero. Se les unieron Dioses Olímpicos y egipcios... 

No hay palabras suficientes para expresar de manera fidedigna lo que estaba pasando, el ambiente era realmente el de una batalla apocalíptica... Siguiendo las instrucciones del Arcángel Miguel metí al carnero en el edificio. Dentro había muchísima gente, unos lloraban y otros parecía que rezaban. 

Al entrar, una luz inmensa inundo el interior y la gente que allí había empezó a exclamar de alegría y nos abrió paso hasta el centro de la gran sala en la que estábamos. Deje al carnero solo en el centro y este empezó a irradiar una luz cegadora y como si de la explosión de una bomba nuclear se tratase y el carnero fuera su núcleo, una energía potentísima atravesó a cada persona y pared del edificio saliendo hacia el exterior en forma de onda expansiva. 

En ese momento supe que nos habíamos salvado y que la batalla se había ganado. Recuerdo bajar por las escalinatas del exterior del edificio buscando al Arcángel Miguel. La ciudad brillaba con una luz sobrenatural... Él estaba allí, suspendido en el aire a unos metros del suelo a un lado del edificio, observando algo en la lejanía. Lo llame por su nombre y el descendió, se acercó a mí y me sujeto por los hombros. Con una sonrisa grandiosa me dijo, - Esta vez lo hemos conseguido, gracias.- Yo me puse a llorar y quito las lágrimas de mis mejillas, me guiño un ojo y se marchó. 

Después de eso, anduve por las calles disfrutando de la sensación de paz que sentía en mi interior, pero algo llamo mi atención, en el suelo, había bastantes manchas negras pegajosas y supe que eran los restos de entes de sombra que habían peleado en la batalla. Seguí dando vueltas por esa ciudad y fui a dar a parar a un jardín al que rodeaba un muro muy alto de piedra. A mí siempre me han gustado los muros así que me eleve en el aire y me puse encima y allí a lo lejos, pude observar cómo se alejaban de la ciudad entes del ejercito de sombra que habían sobrevivido al combate y estos se giraron para mirarme y me dio un escalofrío. 

Creí sentir sus voces y pronunciar mi nombre y se me erizo el pelo. Eso es lo que estaba mirando el Arcángel Miguel cuando salí del edificio... Habíamos ganado una gran batalla y la ciudad era ahora un bastión de la luz, pero la guerra continuaba...






No hay comentarios:

Publicar un comentario