
Termino el Verano, llego Septiembre, mi cumpleaños, comenzó
el ciclo de manera violenta, espasmódica, dulce como al miel, lleno de risas y
miradas cómplices.
Mi telaraña se hace fuerte y miro los hilos que quedaron
después de un año de huracanes emocionales, rompimientos y brindis con
cianuro...
Cuando mis miembros ya cansados de nadar contra corriente se
rendían a las mareas de la soledad y la desesperación, cuando el mar de
lágrimas saladas penetraba en mis pulmones, una mano y unas palabras amables me
levantaron la barbilla para que pudiera respirar y unos brazos fuertes me
sacaron de las aguas heladas...
A todo eso y más he sobrevivido, mis 31 años se han quedado
atrás...
Gracias al viento del Otoño, que me arrastra bailando por
las calles de este pueblo que aún me acoge, salgo de mi cueva y como una Loba,
huelo, acecho el horizonte y atisbo en este viento olores de algo que aún no
conozco pero que no está lejos. Sea lo que sea me da en la nariz que es bueno.
Ando atareada, Talleres, Conferencias para Mujeres, nuevos
Proyectos Humanitarios...
Dicen que cuando La Loba ha comido bien, siempre tiene algo
que compartir...
Estoy saciada, mi estómago lleno y mi alma insaciable de
cosas intangibles es como un baúl, solo espero poder sacar del más cosas que
compartir...
Despierta la mujer salvaje de su letargo momentáneo y
necesario. Siempre hay lecciones en todo. Pero ya me echaba de menos.
Octubre corre y vuelan los días como Halcones, ávidos,
alertas...
Que bien que llego ya el Otoño...
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